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Idea · Del catálogo de Margen

Trata a tu yo de mañana como a un invitado

Solemos endeudar sin piedad al que seremos mañana. Le dejamos los platos sucios, la conversación pendiente, la decisión difícil, el «ya lo haré cuando tenga ganas». Lo tratamos como a un extraño al que no le debemos nada.

Y es curioso, porque ese yo de mañana sí existe: va a despertarse en tu cama, con tu cansancio, y va a heredar exactamente lo que le dejaste hoy. Aplazar no hace desaparecer el trabajo; se lo regala a alguien que te importa mucho —tú— fingiendo que es problema de otro.

Dale la vuelta: trata a tu yo de mañana como a un invitado que llega a dormir. Déjale la cocina medio recogida, una cosa menos encima, un pequeño respiro preparado. No por deber, sino por afecto. Es la única persona a la que verás sin falta el resto de tu vida.