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Microrrelato · Del catálogo de Margen

Reembolso

La funeraria me llamó un martes para devolverme el dinero. Dijeron que había habido un error administrativo, que mi madre no constaba como fallecida en ningún registro, que lamentaban las molestias.

Colgué con una risa nerviosa, esa clase de alivio que duele en las costillas. Marqué su número enseguida. Sonó y sonó contra el silencio de su casa vacía.

Entonces recordé que fui yo quien la encontró. Que fui yo quien cerró sus ojos. Que fui yo quien pagó, en efectivo, para que nadie hiciera preguntas.

El sobre con el reembolso llegó al día siguiente. Dentro, además del dinero, había una nota con mi propia letra que yo no recordaba haber escrito: gracias por venir a buscarme.