← Todas las lecturas

Microrrelato · Del catálogo de Margen

El inquilino de arriba

Nunca vi a mi vecino de arriba, pero cada noche oía sus pasos cruzar el techo de lado a lado, lentos, como quien mide una habitación que no termina.

Le dejé notas bajo su puerta. Le pedí, con toda la educación del insomnio, que caminara más despacio. Nunca contestó, pero los pasos se volvieron más suaves, casi tiernos, como si alguien hubiera aprendido a compadecerse de mí.

La noche que dejé de oírlos subí las escaleras por primera vez. La puerta de arriba estaba abierta. Dentro no había muebles, ni polvo, ni ventanas. Solo mi propio techo visto desde el otro lado, y en el suelo, escritas con tiza, todas las notas que yo había deslizado bajo la puerta.

Entonces entendí que llevaba semanas viviendo en la última planta de un edificio de una sola.