
Llevo tanto tiempo en la sala de espera que me he aprendido las revistas de memoria. Cada vez que se abre la puerta llaman a alguien… pero nunca a mí.
Hoy me he fijado en una placa junto a la puerta que no había visto antes. Lleva los nombres de todos los que han pasado a consulta, y están todos tachados.
Menos uno, al final. El mío, con la hora a la que entré: hace catorce años.