Curiosidad · Del catálogo de Margen
Durante 40 años el eslabón perdido fue un orangután

Durante cuarenta años, el fósil humano más famoso de Inglaterra fue media mandíbula de orangután con los dientes limados a mano. Se llamaba el hombre de Piltdown y se exhibía en copia de escayola en el Museo Británico.
Lo presentó Charles Dawson, abogado de Sussex y buscador de fósiles por afición, en la Sociedad Geológica de Londres el 18 de diciembre de 1912. Dijo que unos peones le habían dado unos trozos de cráneo sacados de una gravera en Barkham Manor, cerca del pueblo de Piltdown, y que después él mismo había encontrado allí la mandíbula. Arthur Smith Woodward, jefe de geología del museo, montó la pieza, reconstruyó la cara y le puso nombre científico: Eoanthropus dawsoni, el hombre del amanecer de Dawson.
El hallazgo encajaba demasiado bien. La teoría inglesa de moda sostenía que en la evolución humana el cerebro había crecido primero y la cara había seguido después, y Piltdown traía exactamente eso: bóveda craneal grande y de aspecto moderno, mandíbula de simio. Traía además algo que en 1912 no era un detalle menor: por fin Inglaterra tenía un antepasado propio, frente a los neandertales de Alemania y de Francia.
Las dudas empezaron enseguida. En 1915, el zoólogo estadounidense Gerrit Smith Miller escribió que aquella mandíbula era de un simio fósil, probablemente un chimpancé, y que la estaban juntando con un cráneo que no le correspondía. No sirvió de nada: el ejemplar estaba guardado bajo llave y los investigadores trabajaban con copias de escayola, en las que no se ven ni el desgaste real de los dientes ni el color del hueso.
La primera grieta técnica llegó en 1949. Kenneth Oakley aplicó al ejemplar la prueba del flúor, que mide cuánto flúor ha absorbido un hueso del agua del subsuelo y crece con los años de enterramiento. El resultado, publicado en marzo de 1950, no denunciaba un fraude: decía que los restos eran recientes, de unos cincuenta mil años. Bastaba para tumbar al eslabón perdido y no para descubrir la falsificación, y por eso el ejemplar aguantó cuatro años más.
El 21 de noviembre de 1953, Joseph Weiner, Oakley y Wilfrid Le Gros Clark publicaron el desmontaje completo. Las pruebas nuevas medían también el nitrógeno del hueso y mostraron que cráneo y mandíbula no podían llevar enterrados el mismo tiempo. El cráneo era humano y medieval. La mandíbula era de orangután y tenía unos siglos. Los molares habían sido limados con una herramienta para aplanar la superficie de masticación a la manera humana, y las piezas se habían teñido con dicromato de potasio y sales de hierro para darles el color oscuro del hueso viejo. El colmillo que Pierre Teilhard de Chardin había encontrado en el yacimiento en 1913 estaba pintado.
En febrero de 1925, el anatomista Raymond Dart describió en Nature el cráneo de un niño de Taung que le había llegado a las manos el año anterior, con cerebro pequeño y dientes ya humanos: justo lo contrario de Piltdown, y esta vez de verdad. La comunidad científica británica lo trató durante dos décadas como un simio sin interés, porque contradecía al fósil de Sussex.
En 2016, un equipo dirigido por Isabelle De Groote perforó los ejemplares y encontró dentro relleno dental y grava del propio yacimiento, y comprobó que todas las piezas de mandíbula procedían de un único orangután, probablemente de Borneo. La conclusión apuntaba a una sola mano trabajando con un solo animal.
Dawson murió en 1916. En el yacimiento de Piltdown no volvió a aparecer nada.