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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Pickles encontró la Copa del Mundo en 1966

20 de marzo de 1966, Westminster: la Copa Jules Rimet, trofeo entregado al campeón mundial de fútbol, desaparece de una vitrina; siete días después, Pickles la encontrará durante un paseo. Londres prepara el Mundial y ha colocado la copa en Sport with Stamps, una exposición filatélica celebrada en la Methodist Central Hall. El objeto más vigilado del fútbol acaba rodeado de sellos que, en conjunto, valen muchísimo más.

La muestra está cerrada al público por ser domingo. En el piso inferior se celebra un oficio religioso. Hay guardias uniformados, agentes de paisano y una persona asignada a la vitrina, aunque la vigilancia no cubre cada minuto. Entre las once de la mañana y las doce y diez, alguien fuerza una puerta trasera, abre el cierre del expositor y se lleva la copa. Los sellos permanecen en su sitio. El ladrón ha escogido el objeto famoso y ha ignorado el botín caro.

La policía revisa el edificio y recibe una descripción poco útil: un hombre delgado, de unos treinta años, con el pelo peinado hacia atrás y quizá una cicatriz. La Football Association, organismo rector del fútbol inglés, tenía la custodia del trofeo antes del torneo. Ahora debe explicar al mundo que ha perdido el premio principal cuatro meses antes de entregarlo. Un vigilante resume la seguridad con lógica impecable: todo había funcionado, salvo que la copa había sido robada.

21 de marzo de 1966. Joe Mears, presidente de la Football Association y del Chelsea, recibe una llamada. Le indican que recoja un paquete dejado en Stamford Bridge, estadio del club londinense. Dentro aparece una pieza desmontable de la parte superior de la copa y una carta de rescate. El remitente firma Jackson y exige 15.000 libras en billetes pequeños.

Jackson trata la copa de oro como metal destinado a fundirse. Amenaza con llevarla al crisol si Mears avisa a la policía. Mears avisa a la policía. A partir de ese momento responde bajo sus instrucciones y publica un anuncio convenido para señalar que acepta las condiciones. El chantajista cree estar negociando con un dirigente del fútbol; en realidad empieza a redactar su itinerario para una brigada de detectives.

24 de marzo de 1966. La cita se fija cerca de Battersea Park, parque situado al sur del Támesis. Mears no acude. El inspector Len Buggy, detective de la Policía Metropolitana, se presenta bajo el apellido McPhee y finge ser su ayudante. Lleva una maleta que aparenta contener las 15.000 libras. Solo hay 500 libras auténticas; debajo se ha colocado papel de periódico.

El hombre que utiliza el nombre Jackson entra en el coche del falso ayudante y pide que conduzca. Durante el recorrido detecta el vehículo policial que los sigue. Ordena parar, sale y corre. La persecución dura poco. Los agentes arrestan a Edward Betchley, vendedor de coches usados con antecedentes, pero la copa no está con él.

Betchley sostiene que actuaba como intermediario para alguien a quien solo conocía por un apodo. La policía no localiza al autor material del robo. Betchley será condenado a dos años de cárcel por exigir dinero mediante amenazas. Antes de conocer la pena todavía encuentra espacio para pedir que Inglaterra gane el Mundial. El acusado coopera con el calendario deportivo más que con la investigación.

25 y 26 de marzo de 1966. Llegan avisos falsos, llamadas y supuestas pistas. La búsqueda moviliza a Scotland Yard, nombre tradicional de la Policía Metropolitana, y ocupa portadas dentro y fuera del Reino Unido. La copa mide poco más de treinta centímetros y puede esconderse en una bolsa corriente. El objeto más reconocible del torneo se vuelve difícil de reconocer cuando nadie sabe dónde mirar.

27 de marzo de 1966. David Corbett, trabajador de los muelles del Támesis, sale de su casa en Beulah Hill, una calle de Upper Norwood, al sur de Londres. Quiere acercarse a una cabina telefónica para preguntar si su hermano ya ha sido padre. Lleva a Pickles, un collie mestizo blanco y negro de cuatro años.

Pickles se detiene ante un paquete colocado bajo un seto, junto a la rueda del coche de un vecino. Está envuelto con periódicos y atado con cuerda. Corbett nota que pesa más de lo esperable y teme que sea una bomba. Lo deja en el suelo, vuelve a cogerlo y rompe parte del envoltorio. Aparece una base metálica con nombres grabados: Brasil, Alemania, Uruguay.

Corbett entra en casa y anuncia a su esposa que cree haber encontrado la Copa del Mundo. Después lleva el paquete a la comisaría. El primer recibimiento no está a la altura del hallazgo: a un agente no le parece que aquello tenga mucho aspecto de copa mundial. La verificación cambia el tono y también la situación de Corbett, que pasa de ciudadano útil a principal sospechoso.

Los detectives lo interrogan durante horas y comprueban sus movimientos. Su nombre permanece algún tiempo entre los investigados hasta quedar descartado. La copa es auténtica. El rastro que no habían encontrado los agentes, los guardias y el chantajista aparece porque Pickles necesitaba oler un bulto durante el camino hacia una cabina.

28 de marzo de 1966. La prensa fotografía al perro junto al paquete y al trofeo recuperado. Pickles se convierte en una celebridad nacional. Aparece en televisión, inaugura actos y obtiene una medalla de plata de la National Canine Defence League, organización británica de protección animal. La empresa Spillers le concede comida gratis durante un año. También consigue un papel en la película The Spy with a Cold Nose, comedia británica sobre un perro espía.

David Corbett recibe recompensas que rondan las 6.000 libras y utiliza el dinero para comprar una casa. La comparación con los campeones llegará después: cada jugador inglés cobró 1.000 libras en primas por ganar el Mundial. El hallazgo atribuido a Pickles produjo para su casa unas seis veces la prima individual de quienes levantaron el trofeo en Wembley.

30 de julio de 1966. Inglaterra derrota a Alemania Occidental por cuatro goles a dos en la final. Bobby Moore, capitán de la selección inglesa, recibe la Jules Rimet de manos de la reina Isabel II. Pickles y Corbett están invitados al banquete de los campeones. A Pickles le dejan lamer los platos del banquete.

19 de diciembre de 1983. La Jules Rimet vuelve a ser robada, esta vez de la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol en Río de Janeiro. Brasil la conservaba definitivamente desde su tercer campeonato, logrado en 1970. Los investigadores nunca recuperan el original y se cree que pudo ser fundido. En 1966 Pickles llevó a casa unas seis veces la prima de un campeón, recibió una medalla y comió gratis un año; en 1983 faltó contratar al perro.