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Poema · Del catálogo de Margen

Lo que aprende la piedra

La piedra no elige ser redonda: se lo enseña el río a fuerza de años sin escucharla.

Al principio tenía aristas, un modo suyo de cortar el agua, una opinión firme sobre cómo debía pasar la corriente.

El río no discutió. Solo siguió pasando, testarudo, manso, interminable, con esa terquedad de lo que no tiene prisa porque tiene tiempo.

Un siglo después la piedra es suave. Cabe en una mano. Ha perdido todas sus esquinas y con ellas la manera exacta de herirse contra el mundo.

Dicen que eso es la sabiduría. Yo no sé si es eso o es solo cansancio con buena prensa.

Pero la levanto del cauce, la guardo tibia en el bolsillo, y pienso en todo lo que tuve que perder para empezar, por fin, a caber en algún sitio.