
En 2009, investigadores de la escuela de hostelería de Cornell hicieron una prueba en St. Andrew's Café, el restaurante del Culinary Institute of America. Imprimieron tres cartas idénticas salvo por un detalle: los precios aparecían como «20,00 $», como «20» a secas o escritos en letras. Los comensales que recibieron la carta sin símbolo gastaron en torno a un 8% más que el resto.
La explicación conecta con el «dolor de pagar»: el símbolo de la moneda recuerda que ese número te cuesta dinero. Al quitarlo, el precio se convierte en una cifra neutra y el cerebro baja la guardia. Pedimos con el apetito, no con la cartera.
Fíjate la próxima vez que cenes fuera: en muchos restaurantes, sobre todo los caros, los precios ya no llevan €, ni decimales, ni columna a la derecha. «Lubina 24». Nada de eso es casual.
El antídoto es sencillo: ponle tú el símbolo y lee el precio completo. En cuanto el 24 vuelve a ser 24 €, el hechizo pierde fuerza.