
En la Alemania de 1923, el dinero se deshacía en las manos. Los precios subían tan deprisa que un billete valía por la mañana mucho más que por la tarde.
Fue una de las hiperinflaciones más famosas de la historia. La gente cobraba el sueldo y corría a gastarlo antes de que perdiera valor; hacían falta carretillas llenas de billetes para comprar el pan. Se cuenta que algunos usaban fajos de dinero como combustible o como papel de pared, porque el papel valía más que las cifras impresas en él. Hacia finales de 1923, un solo dólar llegó a cambiarse por billones de marcos.
La crisis solo se frenó con una nueva moneda y una durísima reforma. Aquel trauma marcó a Alemania durante generaciones.
Fuente: Deutsche Bundesbank