
Tu temperatura interna baja entre medio grado y un grado en la media hora previa a que te duermas, y esa caída es la señal que espera el cerebro. Un baño caliente parece ir en contra, pero hace justo lo contrario: el calor dilata los vasos de las manos y los pies, la sangre sube a la piel y el cuerpo suelta calor por ahí mucho más deprisa. Sales del agua más caliente por fuera y te enfrías por dentro antes.
Está medido. En 2019 un equipo de la Universidad de Texas en Austin dirigido por Shahab Haghayegh cribó 5.322 estudios y se quedó con diecisiete; el resultado, publicado en Sleep Medicine Reviews, fue que el tiempo que se tarda en dormirse cae alrededor de un tercio, unos diez minutos de media.
Instrucciones, con los números del propio estudio:
Métete en agua de 40 a 42,5 grados. Diez minutos bastan; la ducha sirve, la bañera mejor porque cubre más piel.
Hazlo entre una y dos horas antes de acostarte, nunca justo antes: la bajada necesita ese margen.
Sal y no te vuelvas a calentar. Nada de manta eléctrica ni de dormitorio a 24 grados; el margen que maneja la literatura del sueño son 18 o 19.
Si esta noche te acuestas a las doce, la ducha es a las diez y media.