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Relato · Del catálogo de Margen

Se tatuó un 99 y perdió la donación número 100

—Buenos días. Fidel Arteaga, vengo a por la cien.

—Buenos días, Fidel. Soy Celsa, la enfermera de la unidad. Siéntate ahí y dame el brazo.

—El izquierdo, que el derecho lo tengo tonto desde que me jubilé de la ambulancia. Treinta y un años conduciendo y lo que se me quedó mal fue el hombro de cerrar la puerta.

—Dame el izquierdo entonces, y súbete bien la manga.

—...

—Fidel. ¿Qué es eso?

—Un noventa y nueve.

—Ya veo que es un noventa y nueve. Te pregunto desde cuándo.

—Desde el jueves.

—Desde el jueves.

—Me lo hice para celebrar la noventa y nueve. Aquí, en el antebrazo, donde se ve. Lo pensé en la sala de donación mientras me tomaba el zumo. Digo: cuando llegue a cien me pongo el cero y queda redondo.

—Fidel, ¿tú sabes cuánto tiempo hay que esperar para donar después de un tatuaje?

—No.

—Cuatro meses.

—...

—Cuatro meses, Fidel. Lo dice la normativa, y lo dice para todo el mundo: tatuaje, piercing, acupuntura. Cuatro meses desde la aguja.

—Pero si el sitio estaba limpio. Con guantes, con la tinta precintada, el chaval me enseñó el autoclave, la olla que esteriliza las agujas, y todo.

—Me da igual que el chaval tuviera un quirófano. No es por el sitio, es por el plazo. Algunas infecciones tardan semanas en dar la cara en un análisis y por eso se espera. Tú has llevado una ambulancia treinta y un años, no me vas a discutir un periodo de ventana.

—No te lo discuto.

—Pues eso.

—Pero entonces...

—Entonces vuelves en febrero.

—Celsa, es que la cien la tenía pensada para hoy. Vengo con mi hija, que venía a hacerse donante y a verme la cien.

—¿Está fuera?

—En la cola, con el carné en la mano.

—Mira, eso sí lo arreglo. A tu hija la saco ahora y la primera donación de la familia hoy es la suya. Y a ti te pongo el sello de aplazado y te apunto para el 16 de febrero, que es martes, con cita y sin cola.

—Vale. Oye, Celsa.

—Dime.

—¿Y si me lo quito?

—Peor. El plazo cuenta desde la aguja del jueves y no se borra quitándote nada.

—...

—Y no se te ocurra, Fidel.

—Que no. Una cosa más.

—Dime.

—El cero me lo pongo en febrero, cuando ya la tenga.

—El cero te lo pongo yo hoy, con rotulador, encima del noventa y nueve. Y se va con agua y jabón.