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Poema · Del catálogo de Margen

El frutero

Compramos el domingo seis manzanas contundentes, verdes como una promesa de orden.

El lunes eran bodegón. El miércoles, costumbre. El viernes ya nadie las miraba: la casa pasaba de largo, camino de cosas urgentes.

Hoy huelen. Un dulzor insistente que sube por la escalera del aire y entra sin llamar en las habitaciones.

El frutero es el único reloj honesto de la casa: no da la hora, da el tiempo que le diste.

Me como la más blanda de pie, junto a la ventana. Sabe a semana ida y a azúcar que no supo esperar.