Curiosidad · Del catálogo de Margen
Qué arrastra las piedras que cruzan solas un lago seco

En Racetrack Playa, un lago seco del Valle de la Muerte, hay rocas de decenas de kilos con un surco de cientos de metros detrás. Los primeros geólogos que las midieron, en 1948, propusieron remolinos de viento, barro resbaladizo o láminas de hielo. Ninguno vio moverse una sola piedra, y así siguió la cosa durante sesenta y seis años.
Richard Norris, geólogo del instituto Scripps, y su primo James instalaron en 2011 quince rocas con GPS y cámaras de intervalos. En diciembre de 2013 tuvieron suerte: llovió, se formó un estanque de pocos centímetros, se heló de noche y de día el hielo se partió en placas de tres a seis milímetros de grosor. Un viento flojo, de los que no tiran una gorra, empujaba las placas contra las rocas, y las rocas avanzaban entre dos y cinco metros por minuto.
Es decir: se mueven a la vista de cualquiera, despacio y unos pocos minutos al año. El trabajo salió en PLOS ONE en agosto de 2014, y una de las rocas vigiladas se había desplazado 224 metros.