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Poema · Del catálogo de Margen

Piel de invierno

En invierno el cuerpo se repliega como un país que retira embajadas y cierra fronteras menores.

Quedan abiertas las manos, la cara, un trozo de cuello si hay descuido. Todo lo demás pasa a la clandestinidad de la lana.

Por eso en invierno un roce vale doble y una mano en la mejilla es casi una declaración de Estado; por eso los amores de diciembre avanzan despacio y sin embargo llegan tan hondo: hay que atravesar capas, aduanas, bufandas con historia.

La piel espera su primavera como esperan los almendros: sabiendo que va a doler un poco, tanta luz de golpe, tanto volver a estar al alcance del mundo.