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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Londres dobló el ancho de sus cloacas y ganó 150 años

Joseph Bazalgette, ingeniero jefe del organismo que gestionaba las obras públicas de Londres, calculó en 1859 el diámetro que necesitaban las alcantarillas de la ciudad y después lo dobló. Su argumento cabe en una línea: esto solo se hace una vez, y siempre aparece algo que no habías previsto. Ese margen de más es la razón de que el sistema siguiera funcionando siglo y medio después, con una ciudad cuatro veces más grande.

Las obras salieron del Gran Hedor del verano de 1858. Londres vertía sus residuos directamente al Támesis, el río que parte la ciudad, y con el calor de junio el olor entró en el Parlamento, que está en la orilla. Colgaron cortinas empapadas en cloruro de cal, un desinfectante, y no sirvió de nada. La ley que pagaba el nuevo alcantarillado se tramitó y se aprobó en dieciocho días: llevaba años atascada por el coste.

Bazalgette trazó 132 kilómetros de colectores que interceptaban las aguas antes del centro y las llevaban río abajo, más unos 1.800 kilómetros de alcantarillas de calle. De paso levantó los malecones de Victoria, Albert y Chelsea para meter los tubos dentro, y con ellos le ganó terreno al río. El sistema entró en servicio en 1865 y se remató en 1875. El último gran brote de cólera de Londres fue en 1866, en un barrio del este que todavía no estaba conectado.

Esos mismos colectores siguen hoy en servicio.