Curiosidad · Del catálogo de Margen
El día que dos países se repartieron el mundo

En junio de 1494, en la villa castellana de Tordesillas, España y Portugal firmaron uno de los tratados más asombrosos jamás escritos: una línea vertical trazada a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde partía el planeta en dos. Lo que apareciera al oeste sería castellano; lo del este, portugués.
No sabían todavía qué había exactamente al otro lado del Atlántico. Repartieron océanos que nadie había navegado y continentes que nadie había pisado, con el aval de las bulas que el papa Alejandro VI había firmado el año anterior.
La línea tuvo consecuencias que duran hoy: la costa de Sudamérica se abomba hacia el este y quedó en el lado portugués. Por eso Brasil habla portugués y sus vecinos español.
Al resto de Europa no le hizo gracia. A Francisco I de Francia se le atribuye la mejor respuesta: pidió ver la cláusula del testamento de Adán que dejaba el mundo en herencia a españoles y portugueses.