
El sultán de Zanzíbar, aliado cómodo para Londres, murió el 25 de agosto de 1896. Su primo Khalid bin Barghash ocupó el palacio y se proclamó sucesor sin pedir permiso al cónsul británico, que tenía otro candidato. Error.
Los británicos le dieron un ultimátum: abandonar el palacio antes de las nueve de la mañana del día 27. Khalid se atrincheró con unos tres mil hombres. A las 9:02, los buques anclados frente al puerto abrieron fuego. A las 9:40, el palacio ardía, la bandera había caído y Khalid había escapado por la puerta de atrás hacia el consulado alemán.
Unos 38 minutos: sigue considerándose la guerra más corta de la historia. El nuevo sultán, elegido por Londres, gobernaba ese mismo día.
Y hubo factura: Zanzíbar tuvo que pagar hasta los proyectiles que le habían disparado.