Curiosidad · Del catálogo de Margen
Qué pasó en los 33 segundos en que se fue la luz

12:33:30 del lunes 28 de abril de 2025. A esa hora, con el reloj del informe español, el sistema eléctrico de España y de Portugal se quedó en cero. 33 segundos antes todavía funcionaba. Lo que pasó en medio lo leí dos veces en el informe no confidencial del comité que montó el Gobierno, porque la primera vez no entendí nada. Resulta que una red eléctrica, cuando se cae, se empuja a sí misma.
La red europea va a 50 hercios, y eso es una regla de críos. Si se genera lo mismo que se consume, se queda clavada ahí. Si de golpe se consume más de lo que se genera, baja. Si se genera más, sube. La tensión es otra cosa, y es la que importa aquí. Una central no solo mete electricidad en los cables: también tiene que sujetar la tensión, absorber cuando sube de más y soltar cuando baja. Eso hay que hacerlo a cada segundo. Y aquel mediodía no había tantas centrales haciéndolo como estaba previsto.
A las 12:03 la red empezó a oscilar. Una oscilación es lo que parece, la frecuencia y la tensión moviéndose arriba y abajo en vez de quedarse quietas. Duró hasta las 12:07. A las 12:19 vino otra, de las que hacen que una zona entera se mueva contra otra, y acabó a las 12:22. Se hicieron maniobras para calmarla y se calmó. A las 12:30 el sistema parecía otra vez aburrido, que en una red eléctrica es el mejor adjetivo que hay.
Una red eléctrica es un montón de máquinas enormes girando a la vez, todas al mismo compás. Cuando una zona empieza a adelantarse o a retrasarse respecto a otra, eso se nota como una oscilación, y si no se calma a tiempo las máquinas acaban tirando unas de otras. Las dos de aquel mediodía se calmaron, y el sistema siguió. Lo que no se arreglaba con ellas era lo otro: que ese día había menos centrales sujetando la tensión de las previstas.
A las 12:32:57 se desconectó la primera instalación de generación del sur. Luego otra. Y otra. En veinte segundos se perdieron 2.200 megavatios repartidos entre Granada, Badajoz y Sevilla.
Y se desconectaron porque les llegaba demasiada tensión. Una central, cuando le sube la tensión por encima de lo que aguanta, se abre sola para no romperse; es su manera de protegerse y está bien que lo haga. El problema es lo que viene detrás. Cada central que se abre deja de absorber tensión, así que la tensión del resto sube un poco más, y ese poco más abre la siguiente. Y así, en cadena, cada vez más deprisa. En el informe lo llaman sobretensiones en cadena, que es la misma idea dicha en difícil.
Con tanta generación fuera, la frecuencia empezó a caerse. A las 12:33:20 cruzó el primer umbral, 49,50 hercios. A partir de ahí entra un automatismo pensado justo para esto, que corta la red a trozos para salvar lo que queda. Y disparó. Soltó 2.037 megavatios de bombeo, que son las centrales que suben agua a un embalse cuando la luz está barata, y aquel mediodía bombeaban porque el sol la había abaratado, y alrededor de 1.400 de consumo, que es lo que se fue en los tres primeros escalones de los seis que tiene el automatismo, que cualquier otro día habría sido una barbaridad y aquel no alcanzó.
A las 12:33:21 saltaron las líneas de corriente alterna que nos unen con Francia, que son las gordas, y la península se quedó sola con su frecuencia cayéndose. A las 12:33:22 se bajó de 48 hercios, el último umbral que existe. Ocho segundos más tarde, a las 12:33:30, el informe español marca el cero de tensión. Se desconectaron 31 gigavatios de demanda. En España 25,2 y en Portugal 5,9.
Los dos informes no dan la misma hora, y ninguno avisa de que el otro cuenta distinto. El europeo pone a las 12:33:24 el corte del último cable que nos unía a Francia, el de corriente continua, y ahí cierra su relato. El español sigue hasta el cero, seis segundos más allá.
Lo que pasó después no está en los informes con estas palabras. Los trenes se pararon donde estaban, túneles incluidos, y entre cercanías y metros se sacó a unas 35.000 personas del interior de los vagones, bastantes andando por la vía con la linterna del móvil. Sin luz no funcionan los datáfonos, así que media España volvió al efectivo, y el efectivo estaba dentro de cajeros que tampoco funcionaban. Las gasolineras no podían bombear. Los garajes con puerta automática se quedaron cerrados con los coches dentro. Y el teléfono fijo de cable fue de las pocas cosas que siguió dando tono, porque la central telefónica tiene baterías propias y porque ese aparato no necesita enchufe.
Y hubo muertos. Los recuentos de aquellos días no cuadran del todo entre sí, cosa que conviene decir antes de dar una cifra. Se contaron al menos siete fallecimientos en España relacionados con el apagón, entre ellos tres miembros de una misma familia en Galicia por inhalación de monóxido de carbono, y uno en Portugal, una mujer de 77 años cuyo respirador se detuvo.
Mientras volvía la luz, por los grupos ya corrían cuatro explicaciones. Un ciberataque. Las renovables. Un ensayo del operador. Un país vecino haciéndolo a propósito. A mí me llegaron las cuatro en hora y media, dos de ellas con una captura recortada.
La primera respuesta formal llegó el 17 de junio de 2025, 50 días después. El comité del Gobierno publicó su informe no confidencial y dice tres cosas. Que lo que ocurrió fue ese fenómeno de sobretensiones en cadena. Que ese día había menos centrales con el control de tensión activo de las previstas, en parte porque una del sur se había averiado la tarde anterior. Y que no se encontraron indicios ni evidencias de un ciberataque. Lo último está escrito con todas las letras en un documento que aprobó el Consejo de Seguridad Nacional, y con eso se cayó el rumor más grande.
Entre junio y marzo hubo de todo. Dos comisiones de investigación, un reparto de culpas entre el operador del sistema y las eléctricas, cada uno con su informe y su gabinete de prensa, y meses de gente citando párrafos que no había leído. Yo me descargué los dos informes y me sorprendió lo poco que se parecen a cómo se contó todo aquella tarde. Lo que hay en los dos es una lista de cosas que tenían que estar sujetando la tensión y no lo estaban haciendo lo suficiente.
El informe final lo publicó la asociación europea de operadores de red el 20 de marzo de 2026, a partir del trabajo de un panel de 49 expertos en el que hay reguladores nacionales y gente de la agencia europea de reguladores. Su conclusión es la que no cabe en un mensaje. Que el apagón salió de una combinación de muchos factores que actuaban unos sobre otros, y que el centro de todo estuvo en el control de la tensión.
De paso, ese informe se llevó por delante la teoría favorita de los comentarios, la de la inercia, esa de que con más centrales clásicas girando no habría pasado nada. Escribieron que incluso con una inercia bastante mayor no se habría evitado la pérdida de sincronismo, que es cuando las máquinas dejan de girar al mismo compás y el sistema se parte. La red no estaba bien, eso sí. Las recomendaciones van justo por ahí. Controlar y supervisar mejor a quien tiene que sujetar la tensión, y aumentar la interconexión con Francia, que es la puerta por la que la península podría haber pedido ayuda y que aquel lunes se cerró en tres segundos.
Para encender una red apagada hace falta electricidad, que es lo que yo no sabía, porque una central grande necesita corriente para arrancar. Así que se empieza por las que pueden encenderse solas, las hidráulicas, y por la ayuda de los vecinos: aquel día entró corriente desde Francia y desde Marruecos. Con eso se levantan islas pequeñas, se van uniendo entre ellas y al final se vuelven a enganchar todas al mismo compás. Eso es lo que estuvo pasando mientras tú mirabas un móvil sin cobertura.
La luz volvió a lo largo de la tarde y de la madrugada, y a primera hora del día 29 estaba casi todo restablecido. El informe que explica por qué se fue llegó 326 días más tarde, un viernes de marzo.