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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Niágara casi se apagó 30 horas sin llegar a congelarse

En marzo de 1848, las cataratas del Niágara no se congelaron: un tapón de hielo en la salida del lago Erie casi cortó el río durante unas treinta horas.

El invierno había sido excepcionalmente frío. Cuando el deshielo soltó las placas acumuladas en el lago, el viento y la corriente las apretaron entre Buffalo y Fort Erie, justo donde nace el río Niágara. Los días 28 y 29, fuertes vientos habían desplazado enormes masas por el Erie. La corriente las condujo a la boca del río, donde cada placa reforzó el dique. Hacia la medianoche del 29 de marzo, el nivel empezó a caer. A la mañana siguiente, el estruendo se había reducido y grandes zonas del lecho estaban al aire.

Los primeros en notarlo fueron los dueños de molinos harineros: sus ruedas dejaron de moverse. Vecinos de Chippawa bajaron al fondo y encontraron mosquetes, bayonetas y espadas que entonces atribuyeron a la batalla librada allí en 1814.

George W. Holley, vecino de Niagara Falls y testigo, dejó una medida más difícil de olvidar. Entró en los rápidos con caballo y calesa. Después, un carro tirado por cuatro caballos sacó un pino escuadrado de doce pulgadas de lado y cuarenta pies de largo; otro tronco medía sesenta pies, más de dieciocho metros.

En la tarde del 30 el viento cambió de dirección, el atasco se dispersó y el río recuperó su caudal.