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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Marco Polo no trajo la pasta: el bulo es de 1929

En 1154, el geógrafo al-Idrisi describió para el rey Roger II de Sicilia un pueblo costero llamado Trabia, al lado de Palermo, donde se fabricaba itriyya —fideos secos de trigo— en cantidad suficiente para cargarla en barcos y venderla por medio Mediterráneo. Marco Polo, el mercader veneciano al que se atribuye haber traído la pasta de China, nació cien años después de aquella página y no volvió a Venecia hasta 1295. Cuando él pisó Asia por primera vez, en Sicilia llevaban un siglo exportando fideos en sacos.

El bulo tiene fecha, autor y motivo comercial. En octubre de 1929, una revista profesional de los fabricantes de pasta de Estados Unidos, el Macaroni Journal, publicó un relato titulado «A Saga of Cathay»: en él, un marinero de la tripulación de Polo llamado Spaghetti descubría a unos chinos amasando tiras largas de harina. Era ficción escrita para vender macarrones en un país que todavía los miraba de reojo. Nueve años más tarde una película de Hollywood repitió la escena, y ya no hubo forma de pararla.

Queda una prueba más antigua y más aburrida, que es lo que suelen ser las pruebas. En un inventario notarial de Génova fechado en 1279, entre los bienes de un soldado llamado Ponzio Bastone, un escribano anotó una cesta llena de macarrones y le puso precio. Polo estaba entonces a diez mil kilómetros de allí y le faltaban dieciséis años para volver a casa.