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Idea · Del catálogo de Margen

No quites la valla todavía

El escritor G. K. Chesterton lo planteó con una imagen: dos personas encuentran una valla cruzada en mitad de un camino. La primera dice: «No sirve para nada; quitémosla.» La segunda responde: «Si no sabes para qué sirve, no te dejo quitarla. Averigua por qué está aquí y entonces, quizá, te deje.» La valla no brotó sola: alguien, algún día, tuvo una razón para clavarla ahí. Puede que la razón haya caducado —entonces sí, fuera—, pero solo lo sabrás si la buscas primero. La trampa está en confundir «no le veo el sentido» con «no tiene sentido». El proceso pesado del trabajo quizá existe porque algo salió mal una vez. La costumbre rara de la familia quizá sostiene algo que no se ve. La cláusula del contrato, el paso «inútil» de la receta, la norma vieja del club: cada una es una valla. Antes de borrar algo que lleva ahí desde antes que tú, una sola pregunta: ¿qué problema resolvía cuando lo pusieron? Si la respuesta es «ninguno, y lo he comprobado», adelante. Si es «ni idea», acabas de encontrar tu tarea.