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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Un corazón enamorado viaja entre las estrellas

Las sondas Voyager despegaron en 1977 llevando el Disco de Oro: sonidos de la Tierra para quien pudiera encontrarlas algún día. Truenos, saludos en 55 idiomas, canciones, el llanto de un bebé. Ann Druyan era la directora creativa del proyecto, y le encargaron una idea extraña: registrar las señales de un cuerpo humano —cerebro, corazón, ojos, músculos— y comprimirlas en un minuto de sonido. Se ofreció ella misma. Días antes de la grabación, una llamada de teléfono con Carl Sagan, el director del proyecto, terminó de una manera que ninguno esperaba: decidieron casarse. No se lo habían dicho aún a nadie. Así que Druyan se tumbó en la camilla, cerró los ojos y repasó lo que había preparado —la historia de la Tierra, las ideas que amaba— mientras por dentro le pasaba lo otro: estar recién enamorada. Sus ondas cerebrales y su latido de aquellos minutos viajan ahora en las dos Voyager. La primera cruzó al espacio interestelar en 2012. Los ingenieros calculan que el disco durará mil millones de años: bastante más que la Tierra que lo grabó, y que cualquier promesa de amor hecha en ella.