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Curiosidad · Del catálogo de Margen

La rana que se congela y resucita

La rana de bosque de Alaska tiene un plan para el invierno que suena a ciencia ficción: dejarse congelar. Cuando llega el frío, hasta dos tercios del agua de su cuerpo se convierten en hielo. El corazón se para, deja de respirar y su actividad cerebral se apaga.

El truco está en la química. Antes de helarse, el hígado inunda sus células de glucosa y urea, que actúan como anticongelante y evitan que los cristales de hielo las revienten por dentro. El agua se congela entre las células, no dentro de ellas, y así los tejidos aguantan meses bajo cero.

Cuando el deshielo llega en primavera, el corazón vuelve a latir en unas horas y la rana se marcha a croar como si tal cosa. Un animal que cada año muere un poquito y vuelve para contarlo.