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Microrrelato · Del catálogo de Margen

Pusieron el radar justo enfrente del Ayuntamiento

2 de agosto. Instalamos el radar en la recta de la avenida, a doce metros de la puerta del Ayuntamiento. La alcaldesa, Charo Pinilla, corta la cinta y le dice a la prensa comarcal que es por los niños del colegio.

3 de agosto. Once multas en catorce horas. La primera es del camión del pan; la cuarta, del coche oficial. Charo baja a las nueve y se apoya en el poste.

—Sanchís, usted que es el agente, dígame que el aparato distingue las urgencias.

—Distingue kilómetros por hora.

5 de agosto. Cuarenta y tres multas. Charo propone bajar el límite a treinta para que el radar pite menos. Le explico que eso lo multiplica. Se lo explico dos veces y con un papel.

7 de agosto. El radar multa al coche patrulla a cincuenta y dos. Iba yo. Iba a comprobar el radar.

9 de agosto. Charo firma el traslado del aparato a la salida del pueblo, junto al depósito de agua, donde no pasa nadie. Me pide que en el parte lo escriba como «reubicación por criterios técnicos».

10 de agosto. Reubicación por criterios técnicos. El radar lleva desde ayer apuntando a un campo de girasoles y no ha multado a nadie. Esta mañana, en el pleno, Charo ha dicho que la campaña ha sido un éxito rotundo y que la velocidad en la avenida ha bajado un cien por cien.