
El cerebro pesa apenas un 2% de tu cuerpo, pero consume cerca de una quinta parte de toda la energía que gastas al día. Nunca deja de tener hambre.
Gran parte de ese gasto no se dedica a resolver problemas de matemáticas ni a grandes decisiones, sino a mantener las neuronas listas para disparar y a reordenar sus conexiones. El cerebro trabaja a fondo incluso cuando crees que descansas.
Esa factura energética es una de las razones por las que se estudia por qué pensar mucho cansa de verdad: sostener la actividad de miles de millones de neuronas sale caro, aunque no muevas un músculo.
Fuente: Scientific American