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Relato · Del catálogo de Margen

El coleccionista de nortes

Heredé de mi tío Elías ciento cuarenta brújulas. Llegaron en cajas de madera, envueltas una a una en papel de periódico de décadas distintas, y con ellas una nota de su puño y letra que la notaría me entregó sin comentarios, como se entregan las cosas que dan un poco de miedo:

«No están rotas. Cada una señala el norte de alguien. Trátalas por su nombre.»

Cada brújula tenía, en efecto, una etiqueta: nombres de persona. Amalia. El doctor Casas. La niña del quiosco. Mamá.

Las probé por orden. La de Amalia apuntaba con firmeza al sureste, temblando un poco, como quien señala llorando. La del doctor Casas giraba sin parar, mareada. La de «Mamá» —mi abuela, supongo— apuntaba al cementerio del pueblo, lo comprobé con un mapa, y no se movía de ahí ni metiéndola en una caja de hierro.

Entendí despacio, como se entienden las herencias. Mi tío no coleccionaba instrumentos: coleccionaba direcciones ajenas. El norte verdadero de cada uno. Aquello hacia lo que, quisieran o no, apuntaban por dentro.

En el fondo de la última caja había una brújula sin etiqueta, más nueva que las demás, con la aguja inquieta. La caja llevaba una cinta y una segunda nota:

«Esta es la tuya. La compré el día que naciste y llevo cuarenta años sin mirarla, porque el norte de otro no se mira sin permiso. Tienes dos opciones, y las dos son buenas: mirarla y saber, o no mirarla y elegir. Yo, para lo que me queda, prefiero contarte lo que aprendí de las otras ciento treinta y nueve: casi nadie apunta a donde cree. Y los pocos que sí, no son los que más lejos llegaron. Son los que caminaron más tranquilos.»

La brújula sigue en su caja, con la cinta puesta. La tengo en el escritorio, y algunas noches la oigo: la aguja roza el cristal, buscándome el rumbo, paciente como era él.

No la he abierto todavía. Hay mañanas en que estoy seguro de que la abriré ese día, y mañanas en que estoy seguro de que no la abriré jamás. Me gusta vivir en ese temblor. Es lo más parecido que conozco a tener todos los nortes a la vez.