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Idea · Del catálogo de Margen

Cruzas una puerta y tu cabeza cierra la escena

Te levantas a por las gafas, cruzas la puerta del salón y a los tres pasos ya no sabes a qué ibas. Tranquilo, no es la edad. El culpable tiene forma de marco de puerta.

Gabriel Radvansky, psicólogo de la Universidad de Notre Dame, lo midió en 2011 junto a Sabine Krawietz y Andrea Tamplin. Los voluntarios llevaban un objeto escondido dentro de una caja y lo trasladaban de una mesa a otra. Unos recorrían la distancia dentro de la misma habitación; otros cruzaban una puerta. Los que cruzaban recordaban peor qué llevaban en las manos. Lo probaron en habitaciones reales y en habitaciones virtuales, y salió lo mismo.

El detalle que lo explica llegó después: volver al cuarto de origen no arreglaba el olvido. Si fuera cosa del decorado, volver lo devolvería. Lo que hace tu cabeza es cerrar el episodio en el umbral y abrir otro nuevo, igual que quien guarda un archivo y abre el siguiente. Lo anterior sigue en el disco, pero ya no está en pantalla.

Contra eso funciona nombrar. Antes de cruzar, di en voz alta lo que vas a buscar —«las gafas», dos palabras— y llévatelo dicho al otro lado.