Curiosidad · Del catálogo de Margen
Miras al sol, estornudas, y nadie sabe por qué

Aristóteles se lo preguntó hacia el año 350 antes de Cristo: por qué el sol hace estornudar y el calor de una hoguera no. Su respuesta fue que el sol calienta la nariz y la hace sudar.
Dos mil años después, Francis Bacon, filósofo inglés con la manía de comprobar las cosas, salió al sol con los ojos cerrados. No estornudó. O sea que el calor no era la causa: la causa entraba por el ojo.
En 1978, un grupo de genetistas le puso por fin nombre y siglas: ACHOO, estornudo autosómico dominante provocado por el sol. Dominante significa que basta heredarlo de uno de los dos padres. Le pasa a entre el 18 y el 35 % de la población, y siempre igual: salen del portal, del túnel o del cine y sueltan dos o tres estornudos seguidos.
La explicación que hoy tiene más apoyo es que el nervio óptico y el trigémino, que gobierna la nariz, viajan tan pegados que la señal de luz se cuela en el circuito equivocado. Se dice «se cuela» porque nadie ha demostrado por dónde.
No es una curiosidad inofensiva: la Fuerza Aérea de Estados Unidos lo tiene documentado como riesgo para un piloto que sale de una nube de golpe. Y se hereda: si estornudas al salir a la calle, la mitad de tus hijos estornudará también.