Microrrelato · Del catálogo de Margen
La Seguridad Social me dio por muerta un martes

—Vengo a por mi pensión: no me ha llegado. —¿Nombre? —Remedios Ferrer Soto. Costurera jubilada: cuarenta y un años cosiendo trajes de novia. —Señora Ferrer… según el sistema, usted falleció el martes 3. —El martes 3 estuve en la peluquería. —Ya, pero el sistema… —¿Usted quién es? —Borja Lema. Tramito pensiones en esta oficina desde 2019. —Pues tramíteme la resurrección. —Necesito un certificado de fe de vida, el papel que acredita que usted sigue viva. —Míreme: respiro y protesto. Deme el papel y lo firmo. —No puedo: el sistema no expide certificados a nombre de difuntos. —¿El papel de que estoy viva no me lo dan por estar muerta? —Exacto. Recurra por sede electrónica, con su certificado digital. —¿Y mi certificado digital? —Caducó con usted el martes 3. —¿Qué más le pide el Estado a una viva? —Espere: aquí sale algo. El jueves 5, multa de zona azul en la calle del Carmen. Siete euros con cincuenta. —El coche lo movió mi vecina. —No lo diga en voz alta: para el Ayuntamiento aparcó usted. Y los difuntos no aparcan mal. —¿Me vale una multa como fe de vida? —Es el único papel oficial que la da por viva. Páguela y hoy mismo reactivo la pensión. —Cuarenta y un años cotizando y me resucita un parquímetro. —Bienvenida otra vez, señora Ferrer.