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Idea · Del catálogo de Margen

Te enjuagas al final y tiras el flúor por el desagüe

En Escocia, en un ensayo que fue de 1988 a 1992, les preguntaron a más de mil escolares lo que tú has hecho esta mañana: si se enjuagaban la boca con agua después de cepillarse. Los que se enjuagaban tenían más caries que los que solo escupían, con la misma frecuencia de cepillado. Era un análisis observacional dentro de ese ensayo de caries de Lanarkshire, publicado en 1998, así que por sí solo no demuestra una causa; lo que hace es apuntar en la misma dirección que lo que se mide en el laboratorio.

Esta mañana te has cepillado los dientes dos minutos largos, has escupido, has abierto el grifo y te has enjuagado la boca hasta que ya no sabía a nada. Esos tres segundos finales son los que deshacen el resto.

Nadie te lo explicó porque la pasta de dientes no es jabón. No funciona por fregar: funciona porque deja flúor pegado a la superficie del esmalte y disuelto en la saliva durante las horas siguientes. Ese flúor entra en el cristal del esmalte y lo convierte en fluorapatito, que aguanta más ácido antes de empezar a disolverse. Deja además pequeños depósitos de fluoruro de calcio en la superficie, y esos depósitos son una reserva: cuando la boca se acidifica después de comer, sueltan flúor en el momento en que hace falta. Y mientras sigue ahí, estorba a las bacterias de la placa cuando intentan fabricar ese ácido. Todo eso depende de cuánto flúor queda y de cuánto tiempo se queda. Lo que mete el cepillo en la boca no es una dosis que se tome y se absorba, como un jarabe. Es una capa que tiene que seguir en su sitio mientras duermes.

Cuando te llenas la boca de agua y escupes, la concentración de flúor en la saliva se desploma en segundos. La reserva que acababas de dejar puesta se va por el desagüe. Has hecho los dos minutos, has gastado la pasta buena y luego has fregado el suelo recién pintado.

La guía de prevención que usan los dentistas del sistema público británico, Delivering better oral health, lo dice con cuatro palabras: escupe, no te enjuagues. El servicio de salud británico lo repite en su página para pacientes, junto con la recomendación de no comer ni beber nada durante la media hora siguiente. La razón es de reloj: sin enjuague, el flúor de la saliva se queda por encima de lo normal una hora o dos; con enjuague, ese rato se queda en nada.

En el tubo, además del flúor, hay un abrasivo suave que arrastra la placa, un detergente que hace espuma y sabor para que mañana repitas. Nada de eso repara un diente: lo único que repara algo es el flúor, y es justo lo que se va por el desagüe.

El enjuague bucal de la estantería tiene el mismo problema, y aquí es donde más gente se equivoca de buena fe. Una pasta de adulto lleva 1.450 partes por millón de flúor; un colutorio diario de los de flúor lleva 225. Si te cepillas y a continuación te enjuagas con él, no estás sumando: estás cambiando mil cuatrocientas cincuenta por doscientas veinticinco. El colutorio no es malo, está en el sitio equivocado: su sitio es otro momento del día, a media tarde, cuando no acabas de poner nada mejor.

El cepillado de la noche es el que más rinde, y por una razón medible: mientras duermes produces mucha menos saliva, así que lo que dejes puesto se queda varias horas sin diluirse. El enjuague de antes de acostarse es, por eso, el que más caro sale.

Con los niños cambia la cantidad de pasta, no la regla. Hasta los tres años, una mancha del tamaño de un grano de arroz; de tres a seis, un guisante; y tampoco se enjuagan. La cantidad se mide porque una parte se la tragan, y el flúor tragado de más en los años en que se están formando los dientes deja manchas blancas en el esmalte. Que un niño escupa y no se enjuague cuesta una semana de insistencia y dura toda la vida.

La costumbre cuesta de quitar porque la boca enjuagada se siente limpia y la boca sin enjuagar se queda un poco pastosa. Ese resto que te molesta durante tres minutos es exactamente el producto por el que has pagado.

Mañana por la noche, cepíllate los dos minutos, escupe dos veces si el sabor te resulta fuerte y deja el grifo cerrado. No comas ni bebas nada en la media hora siguiente y, si usas colutorio, pásalo a media tarde. El cambio entero consiste en no abrir un grifo.