
En 1990, los economistas Kahneman, Knetsch y Thaler repartieron tazas de la universidad a la mitad de una clase, al azar. Luego montaron un mercado: los que tenían taza podían venderla, los que no, comprarla.
En teoría, la mitad de las tazas debía cambiar de manos. En la práctica, muy pocas lo hicieron. Los dueños pedían unos 7 dólares; los compradores ofrecían unos 3. Misma taza, minutos de propiedad, y ya valía más del doble... solo para quien la tenía.
Es el efecto dotación: poseer algo infla su valor a nuestros ojos, al instante y sin motivo. Por eso las devoluciones gratis y las pruebas de 30 días son tan rentables: cuando el producto ya es «tuyo», devolverlo duele.
Y por eso tu trastero está lleno. No guardas cosas valiosas: las valoras porque las guardas.