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Idea · Del catálogo de Margen

Nadie cambia de opinión, cambia de bando

Rara vez alguien es convencido por un argumento. Lo que ocurre casi siempre es más humano y más triste: cambia primero de gente, y la opinión llega después, como el equipaje.

Creemos lo que creen quienes nos importan. Cuando cambia el círculo, cambia el credo, y luego inventamos las razones para sentir que fue nuestra la elección. La lógica no nos mueve: nos maquilla el movimiento que ya hizo la pertenencia.

Esto no es cinismo, es cautela. Antes de discutir una idea ajena, conviene preguntarse a quién dejaría de mirar a los ojos quien la abandonara. Casi nunca defendemos una tesis; defendemos una mesa a la que todavía queremos volver a sentarnos.