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Idea · Del catálogo de Margen

Derrama el café

El experimento de Elliot Aronson era sencillo: varios grupos escuchaban la grabación de un concursante respondiendo preguntas. A veces era brillante (un 92% de aciertos), a veces mediocre. Y en algunas versiones, al final, se le oía derramarse una taza de café encima.

El resultado dio nombre al «pratfall effect», el efecto del tropiezo: el concursante brillante caía mejor cuando derramaba el café que cuando no. El error no le restaba: le quitaba la distancia. En cambio, al concursante mediocre el mismo accidente lo hundía todavía más.

La lección tiene truco, y por eso funciona: el tropiezo solo suma cuando la competencia ya está demostrada. Pero una vez lo está, esconder cada fallo es mala estrategia. El jefe que admite que se equivocó, la ponente a la que se le cae un papel y se ríe, el experto que dice «esto no lo sé»: todos están, sin saberlo, derramando el café.

No cultives la torpeza. Cultiva algo mejor: la tranquilidad de no tener que parecer perfecto. A la gente no le gusta admirar de lejos. Le gusta reconocerse.