Curiosidad · Del catálogo de Margen
De las 9.000 estrellas que ves, casi todas siguen vivas

En agosto subimos tres al Montsec con dos mantas y la lista de siempre. Arnau venía por primera vez, señaló una estrella cualquiera y soltó la frase que dice todo el mundo: que lo que estábamos mirando ya no estaba ahí, que esa luz era de una estrella muerta hace siglos. Pues no. De las que se ven a ojo, casi todas siguen encendidas, y hay dos números que lo demuestran.
Salimos de Lleida a las once con los 29 grados de agosto, que en el Pla es casi fresco. Arriba, a más de 1.500 metros, agosto es otra cosa y por eso van las mantas en el maletero. La frase de Arnau es bonita y la entiendo. Pero es mentira, y lo de verdad es mejor.
El primero de los dos es a cuánto están las estrellas que puedes ver sin telescopio. Casi todas las que distingues desde tu pueblo quedan a menos de 1.000 años luz, y hasta las más lejanas que llegan a tu ojo sin ayuda caben en unos 4.000. O sea, que esa luz salió cuando aquí abajo se construían catedrales. No en el Jurásico.
El segundo número es cuánto vive una estrella. Las pequeñas y rojizas, miles de millones de años. El Sol lleva 4.600 millones encendido y le queda otro tanto. Las gordas y azules, las que ves de lejos porque brillan como un faro, son las que se mueren pronto: unos pocos millones de años. Pronto para una estrella. No para ti.
Junta los dos números y ya está. Si una estrella aguanta 10 millones de años y su luz tarda 1.000 en llegar, estás viendo el último 0,01 % de su vida. La revista Sky at Night lo puso en una cifra que me encanta: entre las estrellas que se ven a ojo, se muere una cada 10.000 años. Una. Cada diez mil.
Así que de las 9.000 que se pueden ver sin telescopio en todo el cielo (unas 4.500 desde donde estés tú, porque la otra mitad te la tapa el suelo), lo más probable es que sigan vivas todas. A lo mejor hay una apagada y no nos hemos enterado. No más.
Donde se lía la gente es con el telescopio. Si apuntas a algo que está a 50.000 años luz, ahí la frase sí funciona, porque ahí sí hay tiempo de sobra para morirse. Y funciona con las explosiones. La supernova que apareció en 1987 en la Gran Nube de Magallanes reventó hace unos 168.000 años, y cuando la vimos llevaba todo ese rato muerta. Pero eso no son las estrellas del cielo de tu azotea. Eso es otra cosa, y encima tuvo que esperar a que alguien en Chile mirara una foto del cielo de madrugada.
A Arnau no le hizo mucha gracia que le quitara la frase, así que le di otra a cambio. Betelgeuse, la roja del hombro de Orión, es la gran candidata a explotar de verdad, y por eso hay gente mirándola todas las semanas. Está entera. Y cuando se vaya, nos vamos a enterar todos la misma noche.
Y sí, los 29 grados eran abajo. A las tres, arriba, nos peleábamos por la segunda manta.