El silencio tiene acento. El tuyo caía hacia la izquierda, como la lluvia en las ventanas viejas.
Hay silencios que son puertas y silencios que son paredes con un cuadro colgado para que no notes la humedad.
Aprendí a leerlos como quien lee un idioma sin vocales: adivinando, temblando, pidiendo perdón por adelantado.
El último que me dejaste no lo he traducido aún. Lo tengo aquí, entre las costillas, como una palabra extranjera que significa demasiadas cosas y ninguna que me sirva.
Quizá quería decir vuelve. Quizá quería decir márchate. Los dos se escriben igual cuando nadie los pronuncia.