
A las siete engancho el rastrillo al tractor y borro cuatrocientas huellas de ayer: las de los que corrieron al amanecer, las de los que se sentaron a discutir de dinero.
Dejo la arena lisa, recién hecha.
A las nueve llegas tú con la sombrilla, la clavas en el sitio más limpio de la playa y te sientas convencido de haber madrugado.
Yo ya voy por el kilómetro dos. Y detrás de ti viene otro con su toalla, convencido de lo mismo.