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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Muerta en 1931, gana oro olímpico cinco años después

En junio de 1931 un hombre metió a Betty Robinson en el maletero de su coche y la llevó a una funeraria de Chicago: la había dado por muerta tras un accidente de avioneta. Un enfermero notó su pulso a los pocos minutos. Cinco años después, en Berlín 1936, Betty ganó el oro olímpico con el relevo 4 × 100 de Estados Unidos.

Robinson tenía dieciséis años y solo cuatro competiciones a la espalda cuando corrió los 100 metros lisos en Ámsterdam 1928, la primera edición en que la prueba se disputó en categoría femenina. Ganó el oro. Tres años más tarde, un primo la sacó a probar una avioneta cerca de Chicago; el aparato cayó en un pantano. Ella pasó siete semanas en coma y más de seis meses en silla de ruedas. La rodilla izquierda se le quedó tan rígida que nunca volvió a salir de tacos: el gesto de arrancar los 100 lisos era físicamente imposible. Volvió a andar en 1932 y volvió a correr en 1935, pero solo relevos, porque el equipo pasa el testigo desde una posición de pie, sin agacharse.

En Berlín, con veinticuatro años y la rodilla soldada, corrió la tercera posta y los alemanes iban por delante hasta el último cambio, en el que se les cayó el testigo. Estados Unidos ganó por medio segundo. Robinson vivió hasta 1999 y contaba la historia sin dramatismo, siempre con la misma frase: «un tío pensó que estaba muerta, pero no lo estaba».