En todos los mapas de la región, viejos y nuevos, hay un pueblo diminuto en el mismo punto exacto: un nombre, cuatro casas dibujadas, y ninguna carretera que llegue hasta él. Como si lo hubieran copiado durante siglos sin que nadie lo visitara jamás.
Un cartógrafo aburrido decidió comprobarlo. Cruzó campos, saltó vallas, siguió el punto en su brújula hasta que el terreno coincidió con el papel.
Allí no había pueblo. Había un hombre sentado en una piedra, dibujando un mapa. En su mapa la región entera estaba en blanco, salvo un pueblo diminuto en el centro, con cuatro casas y el cartógrafo acercándose por el campo. Levantó la vista y dijo: «Por fin. Llevo siglos esperando a que alguno de vosotros saliera del papel».