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Por capítulos · El último faro · Del catálogo de Margen

La señal

La radio llevaba muerta tres inviernos cuando volvió a hablar.

Una, la guardafaros, dejó la taza a medio camino de los labios. Fuera, el temporal empujaba el mar contra la roca con un rencor antiguo. Dentro, el aparato gris escupía una voz lenta, deformada por la sal y por los años:

—¿Hay alguien en el faro? Repito: ¿hay alguien todavía en el faro?

Una conocía cada barco de la costa por el sonido de su motor. Aquella voz no pertenecía a ninguno. Y, sin embargo, decía su nombre.

—Una. Sé que estás ahí. Tienes que apagar la luz antes de medianoche.