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Curiosidad · Del catálogo de Margen

El dinero que pesaba una tonelada

En la isla de Yap, en el Pacífico, el dinero eran enormes discos de piedra caliza con un agujero en el centro. Algunos medían varios metros y pesaban toneladas.

Lo fascinante es que casi nunca se movían. Cuando una piedra cambiaba de dueño no hacía falta transportarla: bastaba con que la comunidad supiera y aceptara que ahora pertenecía a otra persona. La riqueza se guardaba en la memoria colectiva, no en una caja fuerte. Se cuenta incluso que una piedra hundida en el mar seguía sirviendo como dinero, porque todos sabían de quién era.

Aquellas piedras enseñan algo profundo sobre el dinero: no importa tanto el objeto como el acuerdo compartido de que tiene valor.

Fuente: Smithsonian Magazine