Por capítulos · El ejemplar 215 · Del catálogo de Margen
Registro Nacional acepta el nombre de una maestra muerta

Antes: Casimiro Lete, autor del libro de 1974, firmó la solicitud con una condición escrita a mano: que la maestra Herminia Sasal figure primero.
El 18 de junio quedaban cuarenta títulos en el carro y la casilla del artículo nueve se cerraba a las dos de la tarde. Ainhoa Cortabarria, restauradora de la Biblioteca Provincial de Huesca, escaneó a las nueve y veinte las dos hojas grapadas, con la firma en tinta de Casimiro y las tres líneas apretadas del margen, y las envió al Registro Nacional.
A las diez y cuarto el expediente volvió. No venía denegado: venía devuelto, que es otra cosa y es peor, porque devuelto significa empezar de nuevo con el reloj andando.
Fabián Oyarzun, jefe de sala, leyó el motivo por encima de su hombro.
—«El nombre consignado en primer lugar no coincide con el que figura en el expediente de la coautora» —dijo—. Y abajo lo ponen entero.
—Herminia Sasal Nogueras —leyó Ainhoa.
—En la solicitud pone Bergua.
—Lo escribió él, a mano, sin consultar nada.
—Pues si no coincide letra por letra, no entra. Un nombre mal puesto no es un nombre.
Otilia Bergua, catalogadora del fondo antiguo desde hacía treinta y un años, subió del sótano con la caja de la escuela de Ayerbe y la abrió sobre la mesa de trabajo. Dentro seguían las matrículas, las actas y los partes mensuales del 68 al 79. Sacó el parte de enero de 1974 y lo dejó al lado del formulario.
—Firmado por ella y escrito a máquina por ella —dijo—. Ese papel lo guarda la Administración desde hace sesenta y cuatro años. Si el Registro quiere una acreditación de la coautora, se la está pidiendo a sí mismo.
—El parte vale —dijo Fabián—. La hoja de Casimiro no. Hay que corregirla y volver a firmarla en tinta.
—Ayerbe está a cuarenta kilómetros.
—Y la casilla cierra a las dos.
Ainhoa imprimió la hoja corregida a las once menos veinte y salió con ella en una carpeta de gomas. Llegó a Ayerbe a las doce y diez.
Casimiro Lete Arbués, ochenta y nueve años, jubilado, leyó el papel dos veces con la lupa antes de coger el bolígrafo.
—¿Nogueras? —preguntó.
—Es el que consta en su expediente de maestra.
—En el pueblo era la señorita Herminia. El segundo apellido no lo he sabido nunca. —Dejó la lupa—. ¿Y esto no me tumba la condición?
—Es la misma condición. Solo cambia una palabra.
—Entonces léamela otra vez.
Ainhoa se la leyó en voz alta, entera, con el nombre corregido. Casimiro escribió las tres líneas de nuevo en el margen, más despacio que la primera vez, y firmó dentro del recuadro. Después dobló el papel por la mitad, se quedó mirándolo y volvió a abrirlo.
—Dígame una cosa. Si esto sale, ¿dónde se lee?
—En la ficha del ejemplar. Y en el catálogo del Estado.
—Y en el libro no.
—En el libro no. El libro es de 1974.
—Ya. —Le devolvió las hojas—. Ella corregía los deberes con lápiz rojo y siempre escribía el nombre entero arriba. Decía que un trabajo sin nombre es de la escuela, no de nadie.
Ainhoa fotografió las dos hojas en la mesa de la cocina, con el parte de enero de 1974 detrás, y lo envió todo a la una y cuarenta. Volvió a Huesca sin música, verificó nueve títulos más antes de las seis y dejó el carro en treinta y uno.
A las seis y media Otilia bajó otras dos cajas y se sentó enfrente con su lista de cuatrocientos títulos.
—Si esto sale, no sale solo para el 215 —dijo—. Sale un número de expediente. Y un número de expediente es lo que te piden cuando llegas con el segundo caso.
—¿Tiene usted un segundo caso?
—Tengo cuatrocientos títulos y treinta y un años mirándolos. Alguno habrá. —Alineó las cajas con el canto de la mesa—. Lo que no tenía hasta hoy era dónde llevarlo.
Ainhoa dejó la lista debajo del formulario. A las siete menos cuarto verificó uno más y bajó el carro a treinta.
El teléfono de la sala sonó a las siete y cuarenta. El reloj de pared, once minutos adelantado desde marzo, marcaba las siete y cincuenta y uno.
—Carmela Ibarrola, técnica del Registro Nacional —dijo la voz—. Le confirmo la resolución de esta tarde. Aceptada la autoría compartida sobre «Oficios de invierno», Huesca, 1974. Expediente 2038/1174.
—¿Con los dos nombres?
—Con los dos, en el orden que pidió el solicitante. Primero Herminia Sasal Nogueras, segundo Casimiro Lete Arbués.
—¿Cuántas de estas aprueban?
—¿De autoría compartida con una coautora fallecida? Contando la suya —dijo Carmela—, una. Desde 1987.
Ainhoa apuntó el número en su cuaderno, en la misma página donde el martes había tachado las catorce verificaciones falsas: 2038/1174. Debajo escribió la hora, las siete y cuarenta, y restó lo que quedaba hasta que los camiones entraran por el muelle trasero: diez horas y veinte minutos.