Microrrelato · Del catálogo de Margen
Cada martes vende 41 billetes y suben 40 personas

—Cuarenta y uno.
—¿Otra vez?
—Otra vez, Domingo. Ocho martes seguidos. Vendo cuarenta y un billetes para el barco de las siete y diez y por la pasarela suben cuarenta personas. Los cuento yo, uno a uno, desde la taquilla.
—A lo mejor alguien se arrepiente y se queda en el coche.
—Ocho martes.
—Marisa, déjalo estar.
—Tú amarras ese barco desde antes de que yo naciera y yo llevo ocho meses en esta ventanilla. ¿Quién compra el billete de más?
—Yo.
—¿Cómo que tú?
—A nombre de mi cuñado, que no sabe ni dónde está el puerto. Nueve euros con veinte. Todos los martes.
—¿Y por qué el martes?
—Porque el martes es el día que la Consejería cuenta pasajeros. La concesión pide cuarenta de media en el servicio de primera hora. Si bajamos de cuarenta un mes entero, el año que viene el primer barco sale a las diez y la gente del turno de fábrica se queda en tierra.
—Nueve veinte por semana. Ocho meses.
—Treinta y cuatro martes, Marisa. Y no se lo cuentes a Rosendo, que lo apuntaría en el acta.
—Yo no apunto nada. Pero desde el martes que viene lo pagamos a medias.