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Curiosidad · Del catálogo de Margen

La palabra correcta era «murciégalo»

En castellano medieval, al ratón se le llamaba «mur». Y a cierto mur que volaba de noche y parecía no ver, «mur ciego». De ahí salió «murciégalo», la forma etimológicamente impecable: ratón ciego.

Pero la gente empezó a cambiar de sitio la ele y la ge —un fenómeno que los lingüistas llaman metátesis— y «murciégalo» se convirtió en «murciélago». El error se extendió tanto que acabó siendo la forma estándar. Hoy el diccionario recoge las dos, pero si dices «murciégalo», que es la original, te mirarán como si te hubieras equivocado.

De propina, la errata triunfadora se convirtió en una celebridad de los pasatiempos: «murciélago» contiene las cinco vocales, una sola vez cada una.

Las lenguas no las fijan los sabios: las fijan los hablantes, equivocándose con constancia.