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Idea · Del catálogo de Margen

El efecto Diderot: las cosas que piden cosas

En 1769, a Denis Diderot le regalaron una lujosa bata escarlata. En cuanto se la puso, su viejo escritorio le pareció destartalado; lo sustituyó. Luego cayeron los grabados de las paredes, la silla de paja, la alfombra... hasta que el estudio entero estuvo «a la altura» de la bata. Lo contó él mismo en un ensayo con un título que lo dice todo: «Lamentos por mi vieja bata». Y dejó una frase amarga: de su bata vieja era el dueño; de la nueva, el sirviente.

Dos siglos después, el antropólogo Grant McCracken le puso nombre: efecto Diderot. Nuestras cosas forman conjuntos coherentes, y una compra que desentona no se queda quieta: tira de todo lo demás. Por eso el móvil nuevo «pide» funda, auriculares y reloj; la bici «pide» equipación; el salón recién pintado «pide» otro sofá.

El antídoto es una pregunta previa: ¿deseo esta cosa, o el decorado completo que la acompaña? Antes de comprar, calcula la cadena entera. Y cuando algo desentone con lo que ya tienes, acuérdate de Diderot: a veces lo que compras no es un objeto, sino la obligación de comprar los siguientes.