Curiosidad · Del catálogo de Margen
Pidió un préstamo y el registro dijo que estaba muerto

1976. Lal Bihari, veintiún años, campesino de Amilo, en el distrito indio de Azamgarh, entra en una oficina bancaria de Uttar Pradesh a pedir un préstamo pequeño poniendo como aval la tierra familiar: menos de un acre —unos cuatro mil metros cuadrados— en Khalilabad. El empleado consulta el registro y le dice que no puede prestarle nada, porque el titular de esa tierra consta fallecido. El titular es él. Un tío suyo había pagado a un funcionario para que lo inscribiera como muerto y quedarse con la parcela.
1980. Cuatro años de instancias después, Lal Bihari toma la única decisión que le sale a cuenta: si el Estado dice que está muerto, va a firmar como muerto. Se añade al nombre la palabra «mritak», que en hindi significa exactamente eso, y a partir de ahí se presenta en todas partes como Lal Bihari Mritak. También organiza su propio funeral, con procesión, y presenta una solicitud de pensión de viudedad a nombre de su mujer, que está viva y sentada a su lado. La administración no contesta a la solicitud, y al funeral tampoco manda a nadie.
1988. Cambia de estrategia y se pasa a la política, donde a los papeles hay que mirarlos. Se presenta a unas elecciones contra V. P. Singh, que llegaría a primer ministro de la India. Por el camino descubre que no es un caso raro: encuentra un centenar de vecinos enterrados en un papel por un pariente con prisa y funda con ellos la Asociación de Personas Muertas de Uttar Pradesh, que ha llegado a declarar más de veinte mil miembros repartidos por toda la India y que, veinticuatro años después de nacer, solo había conseguido resucitar legalmente a cuatro.
1989. Lo intenta otra vez, ahora contra Rajiv Gandhi en Amethi, el distrito del propio Gandhi. Pierde las dos veces. Lo que gana pasa fuera de las urnas: por primera vez alguien con altavoz tiene que explicar en público por qué un candidato figura muerto en el registro de la propiedad.
1994. Dieciocho años después de aquella visita al banco, la administración le devuelve la vida: el registro se corrige y Lal Bihari vuelve a constar como una persona existente, con derecho a pedir un préstamo, a heredar y a votarse a sí mismo.
2003. La revista Annals of Improbable Research le concede el Ig Nobel de la Paz —el premio a los logros que primero hacen reír y luego hacen pensar— en su ceremonia del teatro Sanders de Harvard, «por llevar una vida activa pese a haber sido declarado legalmente muerto, por su animada campaña póstuma contra la inercia burocrática y los parientes codiciosos, y por fundar la Asociación de Personas Muertas».
Madhu Kapoor tuvo que recoger el premio en su lugar, y unas semanas más tarde se lo entregaron a él, en la India, en una ceremonia aparte. Para ir a Harvard había pedido el pasaporte indio, que a esas alturas ya podía pedir sin discutírselo a nadie, y el problema resultó ser otro: nueve años después de convencer a su país de que estaba vivo, Estados Unidos no lo dejó entrar.