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Por capítulos · El último faro · Del catálogo de Margen

La luz o la voz

La voz subía por el hueco de la escalera como sube el agua en un barco que se hunde: sin prisa y sin remedio.

Una tenía la mano en el interruptor de la linterna. Dos gestos posibles, uno hacia arriba y otro hacia abajo. Encender era cumplir setenta años de juramento: que mientras el faro girara, ningún barco confundiría la roca con el puerto. Apagar era abrirle la puerta a lo que ya casi pisaba el último escalón.

—No voy a apagarla —dijo Una, y esta vez su voz no tembló.

—Lo sé —contestó la otra, muy cerca ya, casi con ternura—. Siempre eliges la luz. Por eso te elegí a ti.

Encendió. El haz saltó sobre el mar negro como un latigazo blanco. Cuando se volvió, el cuarto de la linterna estaba vacío: nadie en la puerta, nadie en la escalera. Solo, sobre la mesa, el cuaderno de guardia abierto por una página con la fecha de esta misma noche. Y la letra que la llenaba, apretada y temblorosa, era la suya.