Idea · Del catálogo de Margen
Borrar las cookies no te abarata el billete de avión

Abres una ventana de incógnito, borras las cookies y vuelves a mirar el mismo vuelo antes de comprarlo. Si eso te suena, lo que sigue es la reseña del producto que estás usando.
QUÉ PROMETE Si el buscador no sabe que ya has mirado, no puede castigarte. La versión larga incluye borrar el historial, cambiar de navegador y, en los foros más entregados, buscar desde el móvil de otra persona.
QUÉ HACE Nada medible, y conviene decir de dónde sale ese «nada». En 2014, cuatro investigadores de la Universidad de Lovaina y del Inria francés presentaron en un taller sobre privacidad un trabajo con un título honesto, «Crying Wolf?»: vigilaron durante tres semanas los precios de 25 aerolíneas desde perfiles distintos y no encontraron discriminación sistemática de precios por el historial del usuario. Dos años después, en 2016, la revista estadounidense Consumer Reports lo probó a lo bruto: 372 búsquedas en nueve webs, comparando un navegador limpio contra otro cargado de historial. Aparecieron 42 pares de precios distintos, y ahí está el detalle que remata el bulo: 25 de esas diferencias salían más caras en el navegador LIMPIO, hasta 121 dólares más, y solo 17 más baratas. Consumer Reports dijo que no podía atribuir ninguna de las dos cosas al historial.
Donde sí te miran es en los hoteles. El estudio de referencia sobre personalización de precios, el que un equipo de la Northeastern University, en Boston, presentó en 2014 tras comprar a la vez en dieciséis webs, encontró trato distinto en hoteles y alquiler de coches: a los usuarios registrados, Cheaptickets y Orbitz les enseñaban precios de hotel más baratos, y Expedia y Hotels.com mandaban a una parte de los visitantes hacia los hoteles caros por un test A/B. Y dejó los billetes de avión fuera de la muestra a propósito, con una explicación que es media pieza: el precio de un vuelo no lo pone la web que estás mirando.
LO QUE SÍ FUNCIONA (Y POR QUÉ PARECE LO OTRO) El precio de un avión no lo pone una persona mirándote: lo pone el inventario. Cada vuelo se vende en cubetas de tarifa, que son grupos de asientos con el mismo precio y un número fijo de plazas. Cuando se acaba la cubeta barata, el sistema abre la siguiente y el billete sube de golpe, a la vez, para todo el que entre después: para ti, para el que nunca ha buscado y para el que busca desde Tokio. Como esa subida suele pillarte en la segunda visita, la lees como una represalia personal.
A eso se le suma un efecto tonto: el buscador te enseña a veces un precio que ya está vendido, guardado de una consulta anterior, y al recargar aparece el real. Ahí no hay vigilancia, hay caché.
Un matiz honesto, porque existe: el país desde el que compras y la moneda en la que pagas sí cambian a veces el importe, por impuestos y tasas distintos según el punto de venta. Eso no son cookies, y borrarlas no lo toca.
NOTA Como herramienta de ahorro, cero. Como ritual para sentir que has hecho algo antes de gastar 180 euros, funciona perfectamente.
La próxima vez, cambia el ritual por el calendario: en el buscador, abre la vista de mes en vez de la de un solo día. Ahí verás qué fechas tienen todavía cubeta barata.