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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Ganó el maratón de 1904 con estricnina y coñac

Thomas Hicks ganó el maratón olímpico del 30 de agosto de 1904, en San Luis (Misuri), con dos dosis de sulfato de estricnina —veneno para ratas que entonces se usaba como estimulante— disueltas en clara de huevo y rebajadas con coñac. Se las dieron sus propios preparadores, delante de todo el mundo y sin infringir nada: el dopaje no se prohibió en el olimpismo hasta 1967. Hicks cruzó la meta sostenido por dos hombres, arrastrando los pies, y tardó una hora en poder hablar.

La carrera salió a las tres de la tarde, con 32 grados y por caminos de tierra que levantaban los coches de los jueces. James Sullivan, el organizador de aquellos Juegos, había dejado un único punto de agua en el kilómetro diecinueve: quería estudiar los efectos de la deshidratación voluntaria. Tomaron la salida 32 corredores y llegaron 14.

Antes que Hicks entró Fred Lorz, recibido como campeón y a punto de recoger el premio de manos de Alice Roosevelt, la hija del presidente. Lorz había hecho dieciocho kilómetros en el coche de su entrenador y volvió a correr cuando el motor se averió. Alegó que era una broma. Le cayó expulsión de por vida, se la levantaron ocho meses más tarde y ganó el maratón de Boston al año siguiente.

Cuarto entró Félix Carvajal, cartero cubano que se presentó a correr con el pantalón de calle recortado a tijera. Por el camino se paró a comer manzanas verdes de un huerto, le sentaron mal y tuvo que tumbarse en la cuneta. Aun así adelantó a media carrera. A William Garcia lo encontraron desmayado con el estómago en carne viva por el polvo: los médicos calcularon que una hora más y se desangraba.