Curiosidad · Del catálogo de Margen
En 1906 un zapatero disfrazado desvalijó una alcaldía

En 1906, Wilhelm Voigt, zapatero prusiano de 57 años recién salido del penal de Plötzensee, compró un uniforme de capitán a plazos en un ropero de segunda mano de Berlín por 2 marcos y 30 pfennigs. El 16 de octubre reunió en la calle a los primeros diez soldados que pasaron, los formó y los llevó en tren hasta Köpenick, un municipio a las afueras. Entró en la alcaldía, arrestó al alcalde y al tesorero por «cuentas dudosas», ordenó llevárselos a Berlín y vació la caja municipal: 4.002 marcos y 37 pfennigs, con recibo firmado a nombre del capitán falso.
Diez horas antes de la operación había hecho la prueba de campo: entró en un cuartel de la periferia con el uniforme puesto y preguntó por un teniente que no existía. Nadie le pidió papeles y ese «nadie» fue el permiso para el 16. Doce años antes, en la biblioteca del penal, se había aprendido de memoria el reglamento militar prusiano: los saludos, las jerarquías, las fórmulas para dar órdenes. Diecinueve años antes lo habían condenado por robar dinero de una oficina de correos, entrando también con uniforme falso. En 1863, con catorce años, un juez de Tilsit lo mandó al reformatorio por falsificar un giro postal de cincuenta táleros. En 1849 nació en Prusia oriental en una familia de zapateros, hijo de un maestro que le pegaba con el hormaje cada vez que le pillaba probándose la ropa de los clientes.
Detenido diez días después del golpe, se declaró culpable con una frase corta: «El uniforme obedece más que los papeles.» El káiser Guillermo II le indultó a los dos años. Voigt murió en 1922 en un hospicio de Luxemburgo, tras cobrar el resto de su vida repitiendo el número disfrazado en tabernas de Berlín, unos marcos por número.