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Idea · Del catálogo de Margen
Se perdona lo que se entiende, se olvida lo que no importa
Decimos perdona y olvida como si fueran hermanos. Son casi opuestos. El perdón exige que recuerdes; el olvido es la comodidad de no haber querido nunca lo suficiente.
Perdonar no es borrar la herida, es dejar de cobrarla. Requiere memoria: hay que tener presente el daño exacto para renunciar, con los ojos abiertos, a la deuda. Por eso el perdón cansa y el olvido descansa.
Desconfía de quien te dice que ya lo olvidó todo. O no le dolió, o aún no ha empezado a perdonar. El rencor y el perdón viven en la misma casa, la de los que recuerdan; el olvido vive lejos, en la de los que nunca estuvieron del todo.